Cataratas: tipos, síntomas y tratamiento.

Las cataratas son opacidades totales o parciales del cristalino. Existen dos causas principales en la formación de una catarata: la podemos adquirir a lo largo de nuestra visa, o bien podemos nacer con ella. Así pues, podemos agruparlas en dos grupos:

  • Cataratas adquiridas:  es el tipo más frecuente y la principal causa de pérdida visual en mayores de 55 años, representando más del 99% de todas las cataratas.

Causas que pueden provocar una catarata adquirida:

  • Excesiva exposición a la luz ultravioleta.
  • Traumatismos oculares:  suele ser una causa común en menores de 40  años, bien sea estre traumatismo producido por una contusión ocular, shock eléctrico o exposición a radiaciones infrarrojas o ionizantes.
  • Enfermedades sistémicas como la diabetes e hipotiroidismo, también pueden causar cataratas.
  • Exposición a ciertas toxinas, como el humo del tabaco y uso crónico o por períodos largos de corticoesteroides, clorpromazina  y alopurinol, suelen causar cataratas subcapsulares posteriores.
  • Causas secundarias, como intervenciones oculares anteriores, uveitis anterior crónica, galucoma de ángulo cerrado, distrofias hereditarias del fondo de ojo y miopías muy elevadas, también pueden provocar el desarrollo de una catarata.
  • Cataratas congénitas:

Representan menos del 1%, por tanto son muy poco frecuentes. En este caso, se presentan al nacer, principalmente debido a un componente hereditario, pero su formación puede relacionarse también a algunos transtornos metabólicos como la galactosemia o hipoglucemia, e infecciones intrauterinas como la varicela, rubeola y herpes simple.

Las cataratas también pueden clasificarse en función de la zona dónde se empieza a formar la opacidad en el cristalino:

  • Cataratas nucleares: la zona opacificada se encuentra en el núcleo del cristalino. Suele estar asociada a la edad, representa el tipo de catarata más común, y su evolución es lenta. Sus principales síntomas son:

El paciente refiere visión borrosa con y sin gafas. Este tipo de catarata  suele producir un cambio de graduación importante hacia la miopización ( y en el caso del hipermétrope, éste bajará de graduación). Está más afectada la pérdida visual de lejos.

También la percepción de los colores estará alterada. Muchas veces, el paciente explica que los colores están «apagados».

  • Cataratas corticales:

Comprometen la transparencia de la corteza que rodea al núcleo del cristalino. No son tan comunes como las nucleares y suelen estar causadas por un proceso natural de envejecimiento, y comunmente asociadas a la Diabetes Mellitus. Al observarlas en el biomicroscopio, son curiosas por formar rayos alrededor del cristalino. A menudo, provocan hipermetropía.

  • Cataratas subcapsulares posteriores: en este caso, la catarata se desarrolla en la cápsula del cristalino. Su progresión es rápida y presenta pocos síntomas hasta que está desarrollada, aparte de notar un aumento de sensibilidad a la luz. Es el tipo de catarata que más compromete la visión y es el más común entre las personas jóvenes.
  • Cataratas avanzadas:

El cristalino está totalmente opaco ( núcleo y corteza). La visión está claramente comprometida, ya que el el cristalino puede transmitir muy poca luz, y los síntomas, muy evidentes,  sobretodo por la noche o con escasa  luz.

Al estar tan avanzadas, su tratamiento se vuelve más complicado.

Tratamiento de la catarata:  En sus estadios iniciales, y mientras progresa, es necesario el cambio de lentes a medida que se va modificando el error refractivo. Cuando la pérdida de visión no es mejorable con gafas, e imposibilita  la realización de tareas cotidianas, la opción más acertada es la cirugía. Actualmente, la técnica quirúrgica más utilizada para la extracción de cataratas es la facoemulsificación.

Facoemulsificación:  esta técnica aparece en los años 90, y utiliza vibraciones ultrasónicas para emulsificar el cristalino opaco y aspirar sus restos. Se trata de una cirugía ambulatoria. Consta de los siguientes pasos:

  • Anestesia local en forma de gotas oculares o inyección periorbital.
  • Incisión corneal autosellante ( la mayoría de las veces no precisa sutura).
  • Apertura de la cápsula del cristalino o capsulorrexis para realizar la fragmentación y aspiración del cristalino afectado.
  • Facoemulsificación con una sonda ultrasónica vibrante capaz de reducir el cristalino en partículas, para ser a la vez aspiradas.
  • Colocación de la lente intraocular plegable dentro del saco capsular, para finalizar la cirugía. En algunos casos, se inyecta antibiótico para minimizar el riesgo de infecciones.

El paciente operado usará colirios antibióticos y antiinflamatorios durante 15 días, evitando la práctica de deportes y el frotarse los ojos las dos semanas siguientes. La mejora visual es muy notable desde el primer día, necesitanto posiblemente algún tipo de graduación baja corregir la visión lejana, así como gafas para las tareas de cerca.

Aunque la facoemulsificación es una técnica segura y precisa, como en todas las cirugías, también presenta ciertos riesgos, como la opacificación de la cápsula posterior, que puede resolverse mediante una capsulotomía posterior usando el láse ( abertura realizada en la cápsula que permite que la luz pueda atravesar de nuevo, para proporcionar otra vez una visión clara).